Ya no escucho tu voz somnolienta cada mañana.
Ya no palpita mi corazón esperando un taxi.
Ya no espero ver las luces de tu auto acercarse a mí.
Ya no siento tu presencia a mi lado cada mañana.
Ya no compartimos el primer café, ni el primer cigarro.
Ya no hay complicidad que celaba a quienes nos rodeaban.
Apenas un par de llamadas, apenas un par de líneas.
Sólo silencio queda después de esta tempestad.
domingo 4 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada